L. M. - Educadora

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“Inicié el proceso de Coaching porque pensé que recibiría una respuesta a mis temores y me ayudaría a solucionar los problemas que yo veía en mi manera de afrontar las situaciones complicadas y mejorar la percepción de mí misma y de mis capacidades. En lugar de eso, me encontré participando en un proceso en el que yo era la protagonista:  tenía que reflexionar y dar respuestas a preguntas que nunca antes me había planteado.

Debo reconocer que a lo largo de las sesiones me di cuenta que el silencio era clave para hacer brotar de mí conclusiones a las que no habría llegado de ninguna otra manera sino fuera por la confianza y apoyo de la Coach. Hoy en día parece que el “silencio” en una conversación nos incomoda y tendemos a escuchar a los demás pero siempre ofreciéndoles “soluciones” a sus problemas, normalmente, derivadas de nuestra propia experiencia. Una de las cosas que aprendí de este proceso fue a dar tiempo al otro para analizar la situación y ofrecerle mi apoyo intentando facilitarle el proceso de búsqueda de soluciones.

En general, el Coaching me ayudó a romper esquemas personales que tenía muy arraigados y que me hacían valorar la realidad desde un único punto de vista, un ejemplo claro sería:  aprender a diferenciar las situaciones de la interpretaciones y opiniones que uno puede hacer de las mismas.”

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