Comprender antes de ser comprendido, uno de los 7 hábitos del Stephen Covey, tan útil y aplicable en el día a día. ¿Qué solemos hacer cuando alguien nos está explicando algo? Contestar. Siempre tenemos prisa por contestar. Nos han educado para contestar. Y ¿cómo contestamos? Dando nuestra opinión, aconsejamos, ofrecemos nuestra interpretación... Y con eso conseguimos quedarnos tranquilos. Ya hemos dicho lo que queríamos decir. Sí, ya está. Ya lo hemos soltado, y seguro que me lo agradecerá, porque le he dado la solución, le he aconsejado, le he dicho lo que tenía que hacer. Si no lo hace, allá él. Es su problema.

¡¡Error!!

¿Quién nos dice que la otra persona quería nuestro consejo? ¿Quién te dice que tu solución le servirá? ¿Quién te dice que quería escucharte a ti? ¡Quizás no has entendido lo que quería! Con nuestra actitud hemos conseguido sentirnos a gusto, pero ¿era lo que teníamos que hacer? ¿Hemos comprendido qué necesitaba el otro?

 

Stop: primero comprender


 

Os invito a hacer el ejercicio de comprender antes de ser comprendido. ¿Cómo conseguirlo? Escuchando, y escuchando empáticamente. La clave es procurar el bienestar del otro, escuchar con empatía, capa tras capa, profundizando hasta llegar a la esencia. Comprobando que lo que nos está diciendo es lo que realmente nos quiere comunicar. ¡No es lo mismo! Escuchemos su voz, su tono de voz, su entonación, su postura, su comportamiento, su mirada, ...

Pero estas habilidades no funcionan si no hay un deseo sincero de comprender. Intentemos comprender al otro antes de ser comprendidos nosotros mismos. Practiquemos la consideración.

En cuanto a ser comprendido, la segunda parte, y no la primera, expongamos con claridad, concretemos, hablemos gráficamente y en el contexto de comprensión profunda de los paradigmas y preocupaciones de los otros, y así conseguiremos aumentar la credibilidad de las propuestas que presentemos. Pero hagámoslo una vez comprendamos al otro.

Un abrazo. Tu coach.