Reflexión tras la lectura del libro "Coaching" de John Whitmore.

Una vez definidas las metas, debemos analizar la realidad, lo cual requiere objetividad, imparcialidad (respuestas basadas en hechos, no opiniones), describir sin juzgar (describiendo, no juzgando), profundizar en la conciencia (no quedarse en la superficie – los problemas han de resolverse en un nivel más profundo que aquel en el que aparecen, si queremos que desaparezcan para siempre).

A la hora de analizar la realidad, el coach debe seguir la agenda del cliente, y sólo reconducirla si detecta que el cliente se dispersa (“¿cómo se relaciona todo esto con el problema/con tu meta?”).


Qué es la realidad


También debemos utilizar los sentidos (los sentidos son una faceta de la conciencia; la conciencia corporal comporta una autocorrección automática), identificar las emociones (de especial importancia en las relaciones interpersonales), evaluar las actitudes (creencias, bloqueos, opiniones, preocupaciones, inhibiciones pueden afectar a nuestro comportamiento incluso de manera inconsciente), indagar las causas (no sólo los síntomas).

 

Para preguntar sobre la realidad debemos:

  • solicitar respuestas

  • preguntas que exijan concentración de alta resolución

  • respuestas descriptivas, sin juicios de valor, precisas, sinceras

  • respuestas de calidad y con frecuencia constante

  • preguntas: qué, cuándo, dónde, quién, cuánto (cómo y por qué limitadísimos)

  • recoger información de los hechos


Buenas preguntas:

  • ¿qué factores influyeron en tu decisión?

  • ¿qué has hecho al respecto hasta ahora?

  • ¿cuáles han sido los resultados de dicha acción?


 

Es sorprendente cómo la investigación minuciosa de la realidad produce una respuesta antes de haber llegado a la tercera o cuarta fase del proceso de coaching.

El coach se debe centrar en el objetivo y la realidad sin prisas por llegar a las opciones. El rendimiento mejora mediante la aplicación de la conciencia durante la fase de realidad.