Ya llevo un tiempo dando vueltas a este tema. Hacer. Estamos inmersos en el hacer, no paramos de hacer. ¿Te has parado a pensar para qué haces tanto?

Tenemos unas agendas de locos, nos marcamos cien mil cosas a hacer durante el día. Nos suenan alarmas continuamente a modo de recordatorio de las acciones que nos hemos marcado para hoy.

Nos pasa en muchas facetas de nuestra propia persona.

En el terreno personal, listas de la compra, gestiones administrativas, el gimnasio, tareas del hogar (¡confío que seamos todas y todos los que las tengamos!), sorpresas de última hora, quedar con amistades, atender a la familia, ver la televisión, y si nos da tiempo, parar para descansar, leer un libro o jugar con nuestros hijos.

En el terreno profesional, cientos de reuniones planificadas que nos generan más To Do’s (tareas), otras tantas reuniones no planificadas y a la vez hiper-necesarias (claro), mails por enviar, conference calls que realizar, seguimientos financieros que actualizar, … y si nos da tiempo, reuniones con nuestro equipo.

 

Non-stop


 

Y pensamos que es normal.

 

Si conoces un poco el Eneagrama, existen dos eneatipos por excelencia que se encuentran en este paradigma del Hacer:

  • eneatipo 1 (el líder): cuya motivación es la de alcanzar lo que él/ella puede considerar la perfección

  • eneatipo 3 (el triunfador): en su caso motivado por el sentirse valorado por los demás


Y también otro eneatipo diferente que se encuentra en el lado opuesto del Hacer:

  • eneatipo 9 (el pacificador): con la motivación de mantener su paz interior, armonía. Justo el eneatipo que no entiende ni aplica el dicho de “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.


¿Te identificas con alguno de ellos? (te recomiendo profundices sobre esta herramienta pues te puede sorprender ser un eneatipo diferente!)

 

Y te identifiques con ellos o no…

  • ¿Qué te pasa cuando no llegas a todo?

  • ¿Qué siente en ese momento?

  • ¿Cuáles han sido los objetivos que te habías marcado ese día?

  • ¿Hasta qué punto se han cumplido?

  • ¿Qué criterio utilizaste para marcarte esos objetivos?

  • ¿Qué criterio apareció de repente que colaboró en que no se cumplieran?


Puedo intuir…

  • … frustración por no haber sido capaz de haber llegado a todo.

  • … exasperación por no haber coherente contigo mismo y no ser fiel a tus criterios iniciales.

  • … dudas de qué pueden pensar los demás de ti o valorarte si no llegas a todo

  • … remordimiento por haber cambiado tus prioridades en perjuicio de un valor que predomina en ti.

  • … culpa en el momento que te recriminas cómo has acabado el día.


 

Sí. Podríamos comenzar a hablar de la Gestión del Tiempo, pero me lo reservo para otra ocasión.

Hoy me gustaría centrarme en el propósito de las acciones que nos marcamos.

  • ¿Te paraste a pensar el día anterior o por la mañana en “Para Qué” te habías definido ciertas prioridades?

  • ¿Qué ibas a obtener llevándolas a cabo?

  • ¿Cuáles serían los beneficios?

  • ¿Qué valores había detrás de ellos?


 

No nos permitimos muchas (demasiadas) veces ser fiel a nuestras propias decisiones, a nuestros propios valores.


Podríamos decir que nos dejamos arrastrar por la inercia de este ritmo de vida, pero no. Lo correcto sería decir “Nos arrastramos hacia la inercia de este ritmo de vida”, pues nosotros somos los que tenemos el poder de decisión.

 

¿Para qué hacemos tanto? ¿Para qué?

 

Te dejo la siguiente reflexión:

Hacemos A para tener B, y queremos tener B para poder ser C.


¿Y si comenzamos a SER , para así TENER , y poder HACER?


 

Una manera de explicártelo es a través de la siguiente historia:

 

El pescador y el empresario


Había una vez un empresario que estaba sentado junto a la playa en un pequeño pueblo brasileño. Mientras estaba sentado ve a un pescador brasileño remando en un barco pequeño con unos pocos peces grandes que había capturado.


El empresario quedó impresionado y le preguntó al pescador, " cuánto tiempo le toma para capturar esa cantidad de peces?”.


Respondió el pescador," oh, sólo un corto tiempo."


"Entonces ¿por qué no permanecer más tiempo en el mar y captura más?" El empresario estaba sorprendido.


"Esto es suficiente para alimentar a toda mi familia", dijo el pescador.


El empresario le preguntó," así que, ¿qué va a hacer el resto del día?"


El pescador respondió: "Bueno, usualmente me despierto temprano en la mañana, salgo al mar y pesco unos cuantos peces, a continuación, vuelvo a jugar con mis hijos. Por la tarde, tomo una siesta con mi esposa, y por la noche voy con mis amigos del pueblo a tomar unas copas. Tocamos la guitarra, cantamos y bailamos toda la noche


"El hombre de negocios le hizo una sugerencia al pescador." Tengo un doctorado en administración de empresas. Yo podría ayudarle a convertirse en una persona más exitosa. A partir de ahora, debe pasar más tiempo en el mar y tratar de atrapar tantos peces como sea posible. Cuando haya guardado el dinero suficiente, usted podría comprar un barco más grande y la captura de peces sería mayor. Pronto será capaz de permitirse el lujo de comprar más barcos, creando su propia empresa, su propia planta de producción de alimentos en conserva y red de distribución. Para entonces, se ha salido de este pueblo y de Sao Paulo, donde se puede comprar un HQ para administrar sus otras ramas. "


El pescador continúa, "¿y después de eso?"


El empresario se ríe de buena gana, "después de eso, puede vivir como un rey en su propia casa, y cuando sea el momento adecuado, puede presentar sus acciones en la bolsa de valores, y usted será rico."


El pescador le pregunta,"¿y después de eso?".


El empresario dice, "¡después de eso, usted puede finalmente retirarse, puede mudarse a una casa en el pueblo de pescadores, se despierta temprano en la mañana, pesca unos pocos peces, a continuación, volver a casa para jugar con los niños, tomarse una siesta agradable por la tarde con su esposa, y cuando llega la noche, puedes unirte con tus amigos para tomar una copa, tocar la guitarra, cantar y bailar toda la noche!"


El pescador queda perplejo, "¿no es que lo que estoy haciendo ahora?"


 

Ahora te invito a reflexionar sobre esta historia.

 

Piensa en tus valores. Piensa en si tu dinámica diaria están en consonancia con ellos. 


¿Qué te pasaría si un día te levantas y no tienes nada que hacer?


Si tienes alguna duda, te espero en la sección de Contacto, estaré encantada de entablar conversación contigo al respecto de este tema. En cualquier caso, y por supuesto, tus comentarios  son bienvenidos en el blog.


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